martes 24 de noviembre de 2009

Libros: Perfume de gol (Rodolfo Braceli, 2009).-

El cuentista y novelista mendocino entrega 16 microhistorias que recuperan y revalorizan el rol de las mujeres en torno del fútbol, como madres, hermanas y parejas, pero también como árbitros, como jugadoras y como ensayistas.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, noviembre 24 (Agencia NAN-2009).-
Hace ya más de un mes, en la sede central del Standard Bank fue montada una pantalla gigante para que los empresarios y profesionales administrativos ligados a esa institución pudieran disfrutar del último partido de la selección nacional en las Eliminatorias para Sudáfrica 2010, frente a Perú. Habrán sido unos 50 los asistentes, cinco por ciento de mujeres, sumando en esa porción a las bellas promotoras que repartían guirnaldas y cornetas albicelestes a los recién llegados. Ese parece ser el lugar que el hombre ha dejado para las mujeres en este deporte (también en otros ámbitos), el de elemento decorativo. Y esto, avalado aún más por la (celebrable) ausencia de hombres en calzas azules repartiendo silbatos a las muchachas concurrentes. Sucede lo mismo en la televisión: se enfocan culos y tetas (incluso de una referí), y no pectorales velludos.

En un intento por abrir la cancha a las mujeres, el escritor, poeta y ensayista Rodolfo Braceli otorga en Perfume de gol (Planeta) diecisiete cuentos que las involucran como protagonistas de historias de potrero y pelota, narrados con la excelente prosa del mendocino y que renuevan la tradición literaria expuesta por Fontanarrosa, Eduardo Sacheri y Juan Sasturain, entre otros escritores. No se trata de relatos en los que las damas se hallen en un vestuario ajustándose los botines, aunque de estos también haya --como en María, sobre una muchacha que se trasviste para entrar en un equipo masculino de fútbol, aunque finalmente no pueda dejar de pensar en encamarse con uno de sus compañeros—. En rigor, son historias que incluyen a las mujer en variados aspectos del folklore futbolístico, sea en charlas de bar o en incidencias históricas sobre los acontecimientos más importantes del devenir esférico.

Entre estos últimos, en "Dalma Salvadora", la partera Pierina le brinda una serie de recomendaciones a la madre de Maradona para que su hijo salga Maradona.

-- En el tercer mes tendrás que hacer tres días de ayuno: sólo líquidos.
-- Pero voy a tener mucho hambre, Piernina.
-- Y él también. Así vendrá con hambre. Con hambre de gol, hambre de todo […].
-- ¿Y en el noveno mes qué tengo que hacer?
-- Desde el primer día caminar descalza por las mañanas. Descalza, sintiendo que la tierra es la espalda del mundo entero. Esto para que tu hijo venga mundial, ecuménico y planetario… barrilete cósmico…


Ya en "Eva", Bracelli supone que no hubo “pecado original”, y que la primera pareja fue expulsada del Edén por inventar el fútbol pateando manzanas. "Selva" le hace esa pregunta tautológica al hombre que tiene por marido: “¿Me querés más a mí o a Peñarol?”, y "Jacinta", nieta de Jacinto Chiclana, sostiene una charla con Jorge Luis Borges para luego escribir su tesis universitaria “Compasión por la pasión”, sobre la (falta de) relación entre este escritor y el fútbol. También lo incluye en "Leonor", que cuenta la única vez que el autor visitó un estadio, junto con su madre, para presenciar el clásico de Avellaneda (el 10 de marzo de 1957). Y, después, una entrevista a Omar Orestes Corbatta, que dormía en un viejo catre debajo de una tribuna del Cilindro de Avellaneda, con una pelota como "Ella" sobre la almohada.

Promediando el libro --y como último ejemplo del universo que Bracelli construye-- está "Josefina", la historia de una pareja muy pobre, que decide abandonar a su hija recién nacida en un portal antes que someterla a la miseria de su (falta de) economía doméstica. No tardan en arrepentirse y buscan la manera de solventar los gastos indispensables para la supervivencia de su primogénita: el padre intenta robar sin ser ladrón, la madre busca trabajo sin demasiado éxito y se pasan los días a sopa y lo que consiguen convidado. Tanta es la desazón que el hombre decide pegarse un tiro. Su mujer no logra convencerlo de la importancia de su presencia para la crianza de la hija, pero evita el suicidio con una frase durísima: “¡No vas a poder ver más a Platense!” Silbatazo final.

lunes 23 de noviembre de 2009

El Soldado en Ultra.-

El cantante y guitarrista Rodolfo "Cacho" González presentó su reciente EP, Luna en el espejo, con una velada intimista en el bar porteño. Asociado al "aguante" desde su pasado como plomo de Los Redondos, El Soldado no vaciló a la hora de pedir tranquilidad y silencio a la concurrencia, a la que entregó una nutrida lista de canciones para el fogón.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de María Luz Carmona

Buenos Aires, noviembre 23 (Agencia NAN-2009).- Sin ningún ritual que adelantara su salida al escenario, Rodolfo "Cacho" González ingresó con perfil bajo al bar, se acomodó en la silla y se calzó la guitarra acústica. Algunos aplaudieron y otros tardaron en registrar la llegada de El Soldado al centro de la escena. Pero los primeros acordes de "Puerto sin ley" y la voz de hombre nocturno del solista sirvieron de invitación para disfrutar entre cervezas bien frías de casi dos horas de canciones ideales para rasguear en un fogón. Sí, los temas de El Soldado parecen pensados para el formato acústico. Y más lo parecieron en la velada del sábado en el bar porteño Ultra, durante el cierre de la serie de recitales que el artista brindó en ese lugar para presentar su último EP, Luna en el espejo (2009), y revisar los cuatro discos en estudio y los tres simples grabados en doce años de carrera.

Más solista que nunca, El Soldado se presentó sin la banda que lo acompaña en vivo. Aunque no siempre estuvo solo, ya que su hermana, Zulma González, ayudó con los coros en algunos segmentos y el armonicista Luis Millán ofreció sus vientos. Y el público, primero tímido y luego con demasiado protagonismo, condimentó una noche diferente para la extensa carrera del cantante, guitarrista y compositor independiente, quien conoció el campo del rock tempranamente, cuando era plomo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

En un formato intimista, González continuó con "Fue", de Visiones de un rompecabezas (2006), y "Pluma de águila", de De cardo y clavel (2000). Al mismo tiempo, algunos chicos comenzaron a sentarse frente al pequeño escenario y empezaron a rendirle culto con banderas y cánticos. "Pan y vino / pan y vino / pan y vino / pan y vino / el que no / grita El Soldado / ¿para qué / carajo vino?", coreaban. Pero Cacho advirtió, con tono amable, por primera vez en la noche: "Chicos, escuchen tranquilos, porque este show es para eso". Y no estaba equivocado, porque a continuación vino "Como dos capullos", una canción poética digna de escuchar: "Pero en sus ojos ella ve / lo que nadie puede ver / árbol que quedó en pie / retoña en primavera", recitó el cantante.

Sus canciones recuerdan, por momentos, a bandas de rock country, blues, folk y rock and roll de finales de la década del sesenta; y por otros evoca a las canciones con estribillos súper pegadizos de Patricio Rey, suerte de padrinos de la banda en sus inicios. De hecho, el guitarrista redondo Skay Beilinson grabó las guitarras en su primer disco, Tren de fugitivos, publicado en 1997, y el Indio Solari prestó su inconfundible gola en "Ángel de los perdedores" (infaltable en las radios especializadas en rock argentino) y "Trago especial", también de ese disco. La relación con la histórica banda siempre le sumó un plus de público a El Soldado, aunque el reconocimiento que tiene el solista dentro del rock local no se debe a favores sino a méritos propios.

"Ahora vendrá a cantar alguien que yo quiero mucho y fue una fuente de inspiración para mí", presentó Cacho antes de invitar a su hermana a sumar su voz. Así, "El Secreto", un bello e hipnótico tema de De cardo y clavel fue el primero que recibió los coros de la invitada de honor. Pero no sería la única incorporación, porque el inmenso (en tamaño y talento) Luis Millán aportó su virtuosismo con la armónica para reversionar "Tren de fugitivos" y los rock and roll's "El duro" y "Ella es", que se ajustaron a la propuesta de un show que invitaba a agudizar los oídos, dialogar en voz baja y reposar el cuerpo.

Sin embargo, el formato resultó un poco ajeno a los seguidores acostumbrados a los recitales en estadios y boliches, que no se pudieron separar del todo del "ritual" integrado por cánticos futboleros y trapos, propio del llamado "rock del aguante". Entonces, nuevamente González usó el micrófono para llamar la atención: "Hay tiempo para todo, respeten a los que quieren escuchar". Algunos se enojaron y se fueron. Otros entendieron el nuevo contexto. Pero más allá de ese pequeño inconveniente, la armonía y el clima agradable regresó, al igual que las canciones. Así siguieron "El coraje", "Lobo" y el atractivo blues "Inocente cuando sueñas", uno de los mejores pasajes del EP En marcha, publicado en 2008.

En esta línea, no desentonó "Canción de carretera", de Alas rotas. En el final del tema, Millán se cansó de estar sentado, se paró para jugar con su armónica y tocó un solo interminable. Luego, "Luna en el espejo", del homónimo EP, y "De Shelly a Emilly D.", de En marcha, comenzaban a cerrar la lista oficial. Pero si de repasar se trata, no podían faltar los clásicos de los primeros años de carrera: "Boleto de empeño", "Ángel de los perdedores", "Polvo y blues", "Veneno sabor miel", "Trago especial" y "La gran margarita", que conmovieron a los seguidores más viejitos. Ya no había más lista. Entonces, desde el fondo gritaron: "Tocá Rojo-tibio rufián, Cacho". Y como todo era tan intimista y el espacio tan reducido, el cantante escuchó y complació el pedido.

Pero antes de despedirse, el músico que tiene un lugar merecido en la historia del rock local se fue silbando "El Cofrecito" y pareció resumir su noción de la música: "Recorro los caminos, voy silbando mi canción / nacido bajo signo de sueñero corazón / infinito es mi dominio, yo cultivo rock & roll /guardo en un cofrecito todo lo que hay que saber / será mejor si en tu camino silbas una canción /tu canción".

Sitio:
http://www.elsoldado.com.ar

viernes 20 de noviembre de 2009

Día negro.-

Cada 20 de noviembre se festeja el Día de la Conciencia Negra, en homenaje a Zumbí y para retomar, de él, la fuerza y la fe para acabar con la opresión de este pueblo. Muchas actividades hubo a lo largo de la jornada, entre ellas una "ronda" masiva de capoeira dirigida por Marcos Gytauna, quien junto al antropólogo Eduardo Urbano hablaron con Agencia NAN para intentar rastrear los aspectos negativos que se le han dado a lo negro.

Por Daniela Bonamino
Fotografía de Agencia NAN

"No sé si se nace santo,
pero sí se nace negro.
¿Podrá un negro hacerse santo
o un santo volverse negro?"

(Agapito José Carrizo)

Buenos Aires, noviembre 20 (Agencia NAN-2009).- ¿Qué implica ser negro? El 20 de noviembre es una buena fecha para hacerse esa pregunta, ya que se celebra el Día de la Conciencia Negra, en conmemoración a la muerte del líder negro y antiesclavista Zumbí. Según el diccionario de la Real Academia Española, "conciencia" es la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en las modificaciones que en sí mismo experimenta. Suele también concebirse como el conocimiento interior del Bien y del Mal. Sin embargo, no hay diccionario que defina qué es el Bien y qué es el Mal, cuál es el buen o mal uso que una sociedad le aplica a los términos. Es el sentido con el que se cargue esa conciencia lo que determinará los usos que los individuos apliquen cotidianamente. Muchas veces se cree que en Argentina no hay conciencia negra. Pero no es así.

Los hechos demuestran lo contrario, ya que existe una construcción conciente del término, aunque suele dársele un uso irreflexivo. Lejos de estar asociado a revalorizar la opresión de una raza invisibilizada por siglos, se aloja en el lenguaje cotidiano en el insulto más cercano: “negro”, “negrito”, “cabecita negra”, “negro de mierda”, “trabajo en negro”, son algunas de las acepciones comunes. No es casual ni responsabilidad absoluta de los argentinos que se dé estos usos a "lo negro", sino que es el resultado del ataque que esta raza sufrió durante el período de esclavitud lo que hizo que se traspasara al lenguaje cotidiano y la constitución de los sentimientos nacionales que, como en el caso de Argentina, han buscado forjarse bien lejos de todo lo que no sea de un blanco católico y europeo.

Según el antropólogo Eduardo Urbano, en Argentina hay dos grandes etapas en cuanto a la invisibilidad del negro. La primera tiene que ver con la ingeniería social de la república, en la que se buscó eliminar todo lo que no coincidía con el modelo que se pretendía imponer: en eso, al silenciamiento de lo negro se sumó a la aniquilación de los aborígenes. Y la segunda es la de la naturalización del proyecto que triunfó y que logró traspasarse a lo cultural, donde entra la propia negación de la identidad del negro para poder insertarse en el ambiente social que lo rodea.

"Cada 20 de noviembre se celebra el Día de la Conciencia Negra en conmemoración al fallecimiento de Zumbí, con el fin de que sus ideales permanezcan eternos" anunció uno de los organizadores del encuentro que se realizó este viernes en la Asociación Argentina de Capoeira. Zumbí fue el líder del Quilombo de Palmares, el más importante espacio de resistencia de africanos, pueblos originarios y blancos marginados que tuvo la región hoy llamada Brasil en tiempos de la esclavitud.

"Quilombo" es una palabra de origen africano que designó en Brasil a los emplazamientos donde vivían ex esclavos que habían huido de las plantaciones y del dominio de los esclavistas portugueses. La palabra “quilombo” también ha sufrido un uso peyorativo y suele asociarse a aquello que está fuera de orden, que implica lío, barullo, gresca y prostíbulo.

Marcos Gytauna es maestro de capoeira y lidera la Asociación Argentina de Capoeira. Según él, el origen de la capoeira debe rastrearse en las guerras que se desarrollaron en los quilombos, donde "la tradición oral afirma que los negros se defendían con movimientos extraños que lograban desarmar a los portugueses". Por eso, en la actividad que coordinó hoy, invitó a los capoeristas de todos los grupos a unirse "en una gran roda para recordar la muerte de Zumbí y tomar conciencia sobre la dolorosa experiencia de los africanos que vivieron la esclavitud en América".

Zumbí, en lengua afro, quiere decir guerrero, y fue ése el nombre que adoptó cuando pasó a asumir la lucha contra la esclavitud en el Quilombo de los Palmares. Liderando una guerra civil contra los portugueses, pasó cerca de 14 años en una intensa batalla hasta que en una emboscada fue asesinado. Su cuerpo fue mutilado y su cabeza separada y enviada a Recife, en Pernambuco, donde fue expuesta en la plaza pública. Eso ocurrió el 20 de noviembre del 1695, y Zumbí quedó en la historia como el gran líder de la "primera república verdaderamente libre de las Américas".

Hoy, la fecha es conmemorada en todas partes de Brasil con celebraciones que recuerdan el coraje, la fuerza y la fe de Zumbí. Vale rescatar la importancia de la celebración de esta fecha, inmiscuida en una historia latinoamericana que se ha forjado valorizando a los personajes de color blanco, como si la historia del continente hubiese sido construida únicamente por europeos y sus descendientes. Es por todo esto que la conmemoración de la muerte de Zumbí no sólo implica la valorización de un líder negro en la historia de Brasil, sino que funciona como un símbolo para toda Latinoamérica en la recuperación de la identidad arrebatada.

Es que en el nombre de Zumbí se encarnó y encarna el reclamo por el reconocimiento, el respeto y la igualdad de derechos de todos aquellos que se encuentran en condiciones de injusticia. Y su resistencia pasó así a ser un legado, un símbolo de libertad.

jueves 19 de noviembre de 2009

Libros que viajan.-

Libros que giran, libros con alas, libros a la deriva. En fin, libres los libros. De eso se trata la campaña que llevan adelante desde hace casi un año dos publicistas que promueven el "tráfico" de libros de una manera muy original: dejarlos en la calle como si fueran olvidados para que quien lo encuentre, después de leerlo, repita la operación y alimente la circulación de textos. “La idea es que la gente lea un poco más, pero sobre todo buscamos que las personas opten por hacer algo por el otro", afirman los creadores del proyecto Yo leí este libro.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía de Sofía Lobo

Buenos Aires, noviembre 19 (Agencia NAN-2009).- Yo leí este libro tiene aires a esa historia cortazariana en la que un diario abandonado en un banco de plaza muta en un montón de hojas impresas y que, cuando alguien se apropia de ellas, retornan a su condición original. Con la salvedad de la metamorfosis final, según la cual esas hojas se utilizan para empaquetar medio kilo de acelgas, la secuencia de acciones que proponen Federico Sordo y Germán Barbato es la misma que supo retratar el genio escritor: dejar libros en lugares en los que parezcan olvidados para que quien los encuentre repita la operación. “Buscamos que la gente lea un poco más, pero la idea trasciende la cuestión cultural. Tiene que ver con el compromiso con el otro y con rescatar valores sociales”, definieron los creadores de este “tráfico”, como les gusta llamarlo, un modelo que ya fue importado en otros países.

En enero de este año, Federico y Germán tuvieron una simple pero gran idea: compraron libros baratos y empezaron a distribuirlos en bancos de plaza y cajeros automáticos. Por fuera, y con la idea de que parezcan dejados a la deriva, sin querer, no había ninguna señal de que formaban parte de su proyecto. Pero en la primera hoja todos presentaban una serie de “instrucciones a seguir cuando uno encuentra un libro sin dueño” en las que todo está permitido --¡hasta venderlo!--, excepto quedárselo: “Ése no sería un buen gesto de su parte. Porque no sólo se estaría quedando con el libro, sino que estaría privando a alguien que lo pueda leer”. La decisión ideal del transeúnte no distraído es que se lo lleve a su casa, claro, pero no sin después “dejarlo en el lugar que prefiera para que otra persona lo encuentre”.

La iniciativa surgió de un concurso académico --ambos son estudiantes de publicidad-- que invitaba a crear una gráfica para fomentar la lectura. “Sentíamos que con una imagen no pasaba nada, y se nos ocurrió esto que es más dinámico”, recordó Germán en una charla con Agencia NAN. El siguiente paso fue empezar a pedir donaciones. Ahora, sus impulsores van por más: lo que quieren es desconcentrar la actividad de ellos mismos para que ande por sí sola y adquiera mayor dimensión. En la página web del proyecto están disponibles las instrucciones en formato "pdf" para que la gente las descargue y las añada a los materiales de los que guste desprenderse, para que otros le extraigan el jugo a la afrodisíaca fruta de un par de palabras.

Con el objetivo de hacer un seguimiento de esa cadena de favores que ya empezó a constituirse, los jóvenes solicitan a través de su blog que la gente envíe fotos y comentarios. "Porque si esto no sucede, es complicado medir sus resultados", afirman. El único “dato duro” que puede traerse a colación es la cantidad de libros que dejaron por allí Federico y Germán: aproximadamente 110. A eso se suman los testimonios que la gente deposita en la página web --que ya tiene más de 6.500 visitas---, y sus cuentas de Facebook y Twitter. “La respuesta fue bastante grande, ayudó mucho el avance de la comunicación”, destacó Federico. Un detalle estimulante es que la propuesta es for export. A saber, ya se replicó en Francia, Colombia, Costa Rica y República Dominicana.

Un proyecto anterior a Yo leí a este libro es Book Crossing (BC), una organización que actúa a nivel mundial. Lo que los separa son diferencias económicas y conceptuales: BC cuenta con apoyo estatal e informa sobre la ubicación y la hora en que los libros se vuelven huérfanos, y todos ellos llevan un número de identificación que se inserta en una base de datos. “No sabemos a dónde queremos llegar con todo esto, por eso es que todavía no pensamos si queremos conseguir apoyo oficial”, aclaró Germán. Lo de las coordenadas es una práctica que los impulsores de Yo leí este libro sólo llevan adelante ocasionalmente, porque prefieren “lo descontracturado”: la ruptura de la cotidianidad, el acto poético que va desde dejar un libro en la calle hasta tropezar mágicamente con él.

“La gente no sabe bien cómo reaccionar. Lo más común es que no le presten atención al libro. Son pocos los que agarran de una… En general se van, vuelven, ven si no los mira nadie y recién ahí lo llevan. Pareciera que le tienen miedo a que haya una cámara oculta. Una vuelta dejamos uno en un subte. La persona lo vio, bajó y empezó a atarse los cordones mientras lo relojeaba”, ilustró Germán. Lo importante es que el que pase por la experiencia entienda que “por el sólo hecho de encontrarse con un libro ya es parte de algo, tiene una responsabilidad”, añadió Federico.

Yo leí este libro representa también una ruptura del libro en tanto fetiche cultural. “Nosotros no somos asiduos lectores y no creemos que el libro de por sí tenga un valor. Sin embargo hay mucha gente nos dice ‘apoyo el proyecto pero no te voy a dejar ninguno de mis libros’. Lo que buscamos es que las personas opten por hacer algo por el otro”, recalcó Federico. Mientras más tomen esa decisión, montones de hojas impresas que descansan en paz en cualquier biblioteca hogareña tendrán la posibilidad de resucitar. Volver a ser en las manos de alguien para ser otro montón de hojas impresas por sólo un rato y volver a ser en las manos de otro alguien y volver a ser un montón de hojas impresas y volver a ser en las manos de otro alguien... (ad infinitum).

Blog: http://www.yoleiestelibro.blogspot.com/

miércoles 18 de noviembre de 2009

"Intensidades de Mujer" en el Bauen.-

El hotel recuperado por sus trabajadores fue el escenario donde algunas de las 18 mujeres presas o en libertad desde hace no mucho tiempo, junto con el ideólogo y coordinador del proyecto, el periodista Oscar Castelnovo, presentaron un libro que, además de compendiar cuentos, poemas y cartas escritas por ellas tras las rejas, pone a disposición de quien lo lea un informe sobre el estado de quienes habitan las cárceles bonaerenses.

Por Nahuel Lag
Fotografía de Sofía Lobo

Buenos Aires, noviembre 18 (Agencia NAN-2009).- “La Rusita” pasó casi dos años recluida en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza y ahí se encontró con la literatura como un puente a la libertad. “Había que buscar una salida y yo encontré la libertad escribiendo”, recuerda. Es que hace tres años que consiguió caminar las calles y lo hace todos los días mientras se gana unos pesos paseando perros por la ciudad de Buenos Aires. Hoy habló con Agencia NAN sentada en una escalara, en las puertas del salón de eventos del Hotel Bauen, mientras esperaba que llegaran los invitados a la presentación del libro Intensidades de Mujer, una producción que recopila aquellos textos que la ayudaron a “salir de adentro” junto a los de otras 18 mujeres que fueron sus compañeras. Textos que hablan de la bronca de los derechos vulnerados, de la pasión del amor tras las rejas y de las ansias de Libertad, aunque algunas de ellas siguen recluidas.

Oscar Castelnovo es coordinador e ideólogo del libro que dedica “a las chicas de Ezeiza: Para la Libertad”. Oscar es periodista y llegó a conocer a todas las escritoras porque entra a los penales para tomar notas de sus historias y denunciarlas, pero también para brindar talleres periodísticos. Ese compromiso produjo que lo directivos del penal le prohibieran la entrada por nueve meses. Con “La Rusita” se conocieron en un colectivo cuando él iba comentando uno de sus textos publicado en una revista del penal y ella de visita al lugar donde “te inspira desde al maltrato hasta el no poder ver un atardecer”. Su manera de superarlo fue “escribir con ironía, escribir cuentos eróticos. Imaginate, ahí adentro rajas las paredes”, se ríe “La Rusita” de aquel pasado de pabellones repletos de mujeres donde la soledad no es posible, donde suena cumbia y rock and roll y donde los amoríos también existen.

En el salón ya están todos acomodados: amigos, familiares, integrantes de organizaciones sociales y de Derechos Humanos, militantes. La escritora en libertad se levanta y va a ocupar su asiento; está ansiosa por ver a sus compañeras que con el permiso de los jueces debían venir en micro desde Ezeiza. Entre ellas, “La Galle” --hija de desaparecidos, militante de H.I.J.O.S., condenada a 30 años por la justicia brasilera por un secuestro en el que quedaron dudas sobre su participación-- y Claudia Sobrero –condenado a cadena perpetua por asesinato, recibida de Socióloga dentro del penal e impulsora de talleres de arte--. No podrá hacerlo ya que, celadores y Servicio Penitenciario mediante, no lograron llegar al Bauen.

Tras la noticia, “La Rusita” reconocerá que no la sorprende. El cronista tampoco se sorprende cuando recuerda las palabras de la rubia que hoy tiene sus textos editados: “Una vez me encontraron un texto en la celda y me dijeron: ahora el pabellón se pone hippón”.

Está tapada con un velo blanco, no tiene rostro, no tiene identidad. Comienza a abalanzarse entre las rejas, comienza a abrir puertas: una, dos, tres, cuatro. Su rostro ya se ve, aunque tenso. También su cuerpo. Parece que es la última puerta. Se escuchan los pájaros, el aire en la cara. El cuerpo se descontractura. Recuperó su libertad. Es la actriz Mirta Israel interpretando cualquiera de los textos de las 18 mujeres.

Oscar toma la palabra y avisa que “este no será un acto protocolar toma-tú-que-te-toca-a-ti”. Y va a quedar claro, los focos iluminarán toda la velada a una mesa y a un juego de sillas que, ubicados en el centro del escenario, quedarán vacíos por el resto de la velada hasta el final. Los oradores subirán, tomarán el micrófono, dirán sus palabras de pie y bajaran a mezclarse entre el resto de los pares. Libertad.

La primera en tomar la palabra es María del Carmén Verdú, abogado integrante de la Correpi, que no dio vueltas: “En los últimos diez años la cantidad de presos en Argentina se duplicaron; estar preso es la segunda causa de muerte provocada por la fuerzas de seguridad estatales; el 39 por ciento no tiene condena; hay una hacinamiento del 700 por ciento”. Es que el libro no es sólo un compendio de los trabajos que ellas realizaron dentro del penal, sino que también cuenta con un anexo documental en el que se resume el Informe 2009 del Comité contra la Tortura sobre las cárceles bonaerenses y una entrevista a la directora Ejecutiva del comité.

“Wally” hoy está en libertad y en muletas llegó hasta el Bauen para participar de la presentación del libro editado por América Libre, en el que aparecen también sus textos. América Libre, a diferencia de la primera editorial que se encargaría de llevarlo a las calles, no puso reparos ni en las denuncias, ni en las escenas de amor lésbico de los cuentos. Toda la sala se mantiene en silencio mientras ella relata en primera persona uno de sus escritos, aquel en el que cuenta los encuentros en una pieza de Devoto con su esposo cuando él, como ella, estaba preso. “No sólo las cárceles tienen rejas, afuera también las hay. Cuando salimos nadie nos tendió una mano. El libro es importante para no nos prejuzguen”, explicó la mujer que estuvo dos años y nueve meses presa para luego ser sobreseída de culpa y cargo.

Lidia fue la tercera escritora que participó de la presentación y recordó que en el taller literario del penal “estaba más libre que los uniformados. Pero al salir sufrió la cadena perpetua” que impone la sociedad. A Lidia la rechazaron de 30 trabajos y participa del Foro de Encierro del Inadi por el reconocimiento de los derechos de los recluidos. “El dolor del encierro hay que expresarlo a través de libros o pinturas, es necesario”, resaltó.

Entonces, tanto hablar de textos y relatos dio sed de arte. La locutora Liliana Downes se hizo un lugar en el escenario para recitar la “Entrevista a un par de zapatos viejos”, de puño y letra de Belén, que lleva dos años en el penal de Ezeiza.

Pero no hay escritoras sin taller. Alcira Daroqui es una de las profesoras del taller literario del Penal. “Subo con el libro porque me sostiene”, aseguró. “La memoria sólo es posible al poner en diálogo el pasado y el presente. Y en el presente está este libro que es una puerta hacia el afuera, es una práctica de resistencia. Hay que celebrar la palabra”, escribió en el aire Daroqui.

Con tantas personas presentes que pelean con la palabra libertad como zanahoria no faltaron las referencias repetidas a Osvaldo Bayer, que no faltó a la velada. Según el historiador ya estaba todo dicho y documentado por los presentes y por un libro que hay que “promocionar para que se lea en las universidades y en el último año del secundario”. Entonces, fue sintético y resumió el espíritu de la producción literaria citando un fragmento del himno nacional: “ved en trono a la noble igualdad. Libertad. Libertad. Libertad”.